Ibiza Occidente una película de Günter Schwaiger

El 6 de septiembre habrá un PREESTRENO ESPECIAL del documental IBIZA OCCIDENTE de Günter Schwaiger en el SPACE IBIZA, the world’s best club.

Ibiza Occiden

El preestreno especial con aforo limitadísimo e invitados internacionales será antes del estreno mundial del film en el Festival Internacional de Zürich y el estreno oficial en España en el Festival de Cine Europeo de Sevilla. El evento tiene especial importancia ya que es la primera vez que uno de los templos del tecno más importante del mundo abre sus puertas al cine y muestra con ello que la cultura del cine y la cultura del los clubs pueden perfectamente ir de la mano ya que ambos expresan y se nutren de lo mismo: el arte y la celebración.

COMENTARIOS DEL DIRECTOR
La idea de hacer esta película nace de mi interés por mundos sobre los cuales todos tenemos una idea preconcebida y tópica. Ibiza representa para muchos nada más que un lugar de perdición, frivolidad y drogas. Se duda que en un sitio que se dedica a ofrecer ocio sin límite pueda haber algo que tenga valores más allá del dinero y el disfrute hedonista. Pocos se paran a pensar que esta pequeña isla del mediterráneo es por ejemplo la capital mundial de la música electrónica y uno de los puntos de más creatividad musical que hay en Europa.
Desde las culturas arcaicas existe la necesidad de crear lugares de ocio y celebración.  Se suelen ubicar en entornos idílicos que potencian la sensación de  evasión y euforia.  Ibiza a lo largo de su historia fue refugio de quienes buscaron allí un espacio espiritual y de regeneración e incluso de fecundación. Pero también fue lugar de comerciantes astutos y piratas audaces.  Y esa intensa mezcla entre naturaleza, lo espiritual, el erotismo, la celebración, el arte y el negocio hace que Ibiza sea un sitio tan excepcional.
En el actual momento de la “political correctness” la celebración juvenil está de nuevo bajo sospecha, reduciendo la percepción que se tiene de ella a sus expresiones más extremas.  Hoy en día la versión oficialista se gusta en explicar movimientos como el tecno y los grandes eventos de la música electrónica por la cantidad de droga que se consume en ellos.  Evidentemente muchos popes de la intelectualidad no consideran arte el trabajo de los DJs o las creaciones de los que producen la música. Claro, ¿cómo puede ser arte algo que se consume en una discoteca? Pero el mundo de la electrónica nunca se preocupó demasiado por los que pueden juzgarles. Porque su cercanía a un público muy extenso y en su mayoría joven le ha liberado de la necesidad de buscar la aprobación de las élites intelectuales.  Desde los años 90 ha movido millones de personas e Ibiza se ha convertido en uno de sus centros más emblemáticos.  La densidad de los artistas que trabajan allí cada año, el publico absolutamente cosmopolita y la existencia de los clubs más importantes del mundo la han convertido en el “Hollywood de la música electrónica”. Un lugar que fabrica estrellas pero que también las puede devorar.

El mundo de la electrónica descubrió Ibiza a finales de los 80, y se quedó porque la isla le permitió tener un lugar donde la celebración era el centro de la vida, dejando el espacio y la libertad necesarios para desarrollarse. En Ibiza la celebración nunca fue negativa ni sospechosa sino una parte intrínseca de su propia idiosincrasia.
Pero como todo lo que toca el hombre, ya sea el paraíso mas remoto, al final lo convierte en negocio, también en Ibiza el mundo de los clubs se ha convertido en una gran maquinaria de hacer dinero. Por eso, como dice uno de los protagonistas “…Ibiza es un reflejo de lo que ocurre en el mundo”.
Es que el deseo de ser libre, de refugiarse, de celebrar no evita la necesitad de tener que vivir, de sobrevivir. Los primeros que llegan a un lugar paradisíaco disfrutan y luego crean las condiciones para quedarse, vendiendo a los siguientes lo que necesitan para disfrutar. Eso atrae a más gente que a su vez potencia el deseo de otros. La espiral que resulta de esa cadena produce la masificación de un fenómeno. Qué Ibiza a pesar de todo aun no se haya convertido en un lugar turístico de masas y qué sea más una mezcla entre clubbers y Jet Set se debe a la paradoja que justo su fama de capital de la fiesta y del hedonismo la ha protegido.

Ibiza tampoco es ningún idilio perfecto, ni un lugar donde toda la gente es feliz.  En Ibiza pasan las mismas cosas que en cualquier lugar del mundo porque el ser humano es como es. Siendo un espacio para “jugar” como dice otra protagonista, le otorga sin embargo una vibración diferente que no se explica ni con la presencia de drogas ni por la sofisticación de las fiestas que se dan. Se explica quizás por su historia, por la tolerancia de sus habitantes y porque hay una necesidad en la sociedad actual de buscar en la celebración lo que en la vida cotidiana no existe. La sensación de euforia y éxtasis que permite aguantar la brutalidad de un mundo que no quiere aprender de sus errores.
Otro personaje en la película comenta que “los jóvenes necesitan cada vez más y más para divertirse y los clubes apenas pueden aguantar ese ritmo”. Estamos en un tiempo en el cual la sociedad actual no consigue convencer a las siguientes generaciones que su modelo económico y social pueda traer bienestar y seguridad. Los jóvenes se sienten encerrados en una vida de gran estrés y competitividad. Para aguantar semejante presión muchos de ellos intentan escapar los fines de semana y vacaciones hacia una experiencia en la cual el disfrute no exige más que las simples ganas de diversión. Y como el tiempo escasea, la vida es cara y el trabajo inseguro, todo tiene que ocurrir en el acto. Por eso son tan apreciados todos los que ayudan a romper las cadenas de las tediosas vivencias cotidianas. Sean en nuestro caso DJs, músicos, artistas o dueños de clubs. Quién está cerca de la llave de la felicidad adquiere un estatus de cierta sacralidad. Lo que diferencia el mundo de la electrónica de otros es quizás la excepcional mezcla entre los ritmos primitivos tribales y la más alta tecnología del siglo 21, la simbiosis entre la sensibilidad afroamericana y el clasicismo europeo y su capacidad integradora de elementos y sonidos universales.

En cualquier caso, la celebración colectiva, sea con música electrónica o con otro tipo de música, es tan necesaria hoy como lo ha sido siempre. Se convierte en un acto de manifestación cultural cuando está acompañada por la creatividad individual de los artistas que posibilitan al colectivo sumergirse en una experiencia fuera de lo común que, en su esencia, nos remite a nuestros orígenes tribales. Vencer al hambre, al enemigo o a la oscuridad, en fin, al miedo y por ende, sentirse seguro dentro de una comunidad que avanza en conjunto, fue siempre la razón principal de los ritos religiosos o paganos que abundaban según el bienestar de las sociedades y civilizaciones respectivas. Occidente es, en términos generales, una sociedad muy segura de sí misma que se gusta en disfrutar y festejar su suerte. Qué haya surgido una cultura como la música electrónica que busca de pronto reencontrarse con sus orígenes primitivos, dejando entrar los elementos rítmicos africanos o cierta espiritualidad oriental, muestra que han surgido unas generaciones que han empezado a dudar de la supremacía cultural del occidente ya que intuyen que la felicidad no se consigue a través de la explotación.  Pero eso también es aplicable al mismo business del ocio donde muchas veces se camina al borde del abismo desvirtuando la necesidad de celebración y placer con las ansias de dinero y poder.

En la película no individualizo al público sino lo trato como colectivo que busca un estado del placer. En los retratos, sin embargo, me acerco al otro lado de la cortina, al lado de los artistas, los músicos, los promotores,  los jefes de club y trabajadores de turismo, en fin, a los actores que hacen posible que la maquinaria funcione. Son ellos los que dan al público lo que el público demanda. Rellenan los huecos de una sociedad obsesionada con llegar a la felicidad lo más rápido posible.
Cada historia representa un cierto aspecto del todo, sea de la isla o de nuestro mundo.  Pero nunca se pretende poder contarlo todo. Es más bien un viaje con paradas, casi como una colección de relatos breves. La protagonista es la isla, su inspiración sin embargo la música.  Porque en Ibiza, el punto cardinal donde convergen todos los ejes es la música.
Y si es verdad, como decía Proust que “la música es un poco de tiempo en estado puro”,  quizás Ibiza podría ser un poco de estado puro del occidente.

Günter Schwaiger

SOBRE EL DIRECTOR
Günter Schwaiger (Neumarkt-Salzburg/Austria, 1965), director, productor y guionista de Arena, está afincado en España desde hace años, donde desarrolla su labor cinematográfica. Con formación de etnología y arte dramático en la Universidad de Viena, Schwaiger ha dirigido diversos cortometrajes y documentales entre los que se encuentran Santa Cruz, por ejemplo –Premio Especial de Artes y Cultura de la Ciudad de Salzburgo en 2005–, El Paraíso de Hafner –Primer premio en la sección “Tiempo de Historia” de la 52º SEMINCI– y Arena, en 2009, un documental que retrata la lucha y las motivaciones de los toreros de hoy.

El cineasta austriaco desarrolla también su labor en el campo del teatro y la ópera, además de ser cofundador y coordinador del colectivo de documentalistas Imágenes contra el olvido, que trabaja para la recuperación de la memoria histórica española. Asimismo, ha colaborado con Freddy Mas Franqueza en el guión del largometraje Amanecer de un sueño y es coautor del guión junto con Achero Mañas del film Who is Carlos Buendía?. Reflexivo y valiente, el cine de Günter Schwaiger aborda la naturaleza humana con todas sus incongruencias, así como la soledad y la incomunicación en una sociedad enajenada.

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